La timba cerealera y el cuento del tío Vicentin

La timba cerealera y el cuento del tío Vicentin

Por Walter Kaderabek

Que se espera de un empresario? Primeramente que enfrente el riesgo empresarial que implica invertir. En segundo término que planifique su gestión contemplando distintos escenarios posibles, especialmente en lo referente al área económica financiera de la firma. Y en tercer lugar que asuma su responsabilidad y cumpla con sus obligaciones frente a sus empleados, proveedores, acreedores y el fisco. Parece básico, de manual. Lo es. Pero no siempre está en los planes de los hombres de negocios cumplir dichos parámetros. 

Lo que sigue es una historia que como toda fábula de hombres y mujeres de negocios, y grandes sumas de dinero girando alrededor del mundo, tiene lados oscuros y personajes de doble cara, a menudo protegidos por quienes sacan tajada económica cuando el rio está muy revuelto. Aquello de que las crisis son también oportunidades aplica mucho más para quienes ven el tsunami desde una torre de control meteorológica y cuentan con el jet listo para huir a tiempo. El Martin Fierro de José Hernández lo sintetizaría con la frase “tienen la vaca atada”.

23 de abril de 2014: “Se inauguró la planta de molienda de soja más grande del mundo” titulaba el portal INFOCAMPO y describía que “El Complejo Timbúes comenzó a construirse en 2010. Su desarrollo requirió una inversión aproximada de 480 millones de dólares, de los cuales 239 millones provinieron de un préstamo en el que Corporación Andina de Fomento, tuvo el rol de “Lender of record”, con la participación de Rabobank, Citibank, Crédit Agricole, BNP e Itaú, y el resto consistió en un aporte de los socios”. El día anterior el portal ON24 señalaba la apertura como “La mayor inversión privada de la última década” e incluía declaraciones de prensa de los directivos Daniel Buyatti y Sergio Gancberg.

11 de noviembre de 2015: El Salón de Pintura Vicentin es ya un hito nacional de la cultura”, describía el periodista Gustavo Capeletti, en el portal Mirador Provincial. “Como desde 2012, la Empresa Vicentin Saic organiza, subvenciona y alienta los “Concursos Culturales Vicentin”, en el marco de la conmemoración del Día del Aceitero, la actividad originaria de la firma”.

Otro artículo de INFOCAMPO (9 de octubre de 2015) aseguraba: «Vicentin, líder nacional en crushing, que factura anualmente alrededor de $2.800 millones”, detallando que según la empresa habían “alcanzado niveles récord de más de 5,3 millones de toneladas de oleaginosas molidas anualmente, con una utilización plena de sus instalaciones y, en general con buenos márgenes. Destacaba también que la capacidad de molienda de la compañía representaba el 13% de la capacidad total del país, “lo que la posiciona entre las seis empresas más grandes”.

En cuanto a sus estados contables, en su balance anual cerrado en octubre de 2014 informó ventas por $2.896 millones, y una ganancia después de impuestos de $1.661 millones. Si se comparan con su ejercicio anterior, sus ventas cayeron fuertemente, ya que en 2013 alcanzaron los $4.283 millones, pero su ganancia fue menor, con $502 millones.

Después de 3 años de inversión y construcción en tiempo record de su planta de Timbúes (2010-2013), la firma asociada de Vicentin, RENOVA, no podía tener mejor panorama para continuar creciendo a fines de 2015. Estados contables aceptables, una capacidad instalada de vanguardia, que además contaba con terminales portuarias propias y un sistema propio de provisión de energía que le brindaba notable independencia. Pero pasaron cosas.

20 de diciembre de 2019: Vicentin, un gigante con pies de barro que sigue en crisis, era el título de la nota de Germán De los Santos en airesdesantafe.com.ar. Lo interesante de dicho artículo son los datos sobre su internacionalización, porque explica que “dejó de ser una empresa puramente nacional para deslocalizarse” y expandirse con otras empresas del mismo grupo en países como Paraguay, España, Brasil, Uruguay. De los Santos cuenta que muchas de las compras y ventas de granos se realizan entre estas sociedades.

“Vicentín Paraguay se constituyó en 2005 con un capital accionario de 153.360 dólares, pero siete años después aumentó el capital a 1.471.732 dólares. Y el 6 de mayo de 2014 Vicentín Paraguay adquirió el 16,67% de las acciones de Renova. Esa es la parte que Vicentín transfirió ahora a Glencore. Es decir, la empresa nacional sigue conservando el 33% de las acciones de Renova”.

Por más de 10 años (hasta 2015), la empresa Vicentin y sus respectivos directores y accionistas no pararon de crecer, expandiendo negocios y ampliando su capacidad de producción y comercialización. Pero luego, en menos de 4 años su situación financiera se deterioró de manera tal que llegó al límite de las puertas de una virtual quiebra.

Un artículo de Gustavo Bazzan en Diario Clarín (11 de junio de 2020) narra la composición de la deuda, que llevó al gobierno de Alberto Fernández a tomar la decisión de intervenir la compañía. Preocupante para el Estado argentino (y los ciudadanos comunes incluidos, por supuesto) es que el Banco Nación le dio créditos durante la administración Macri por una fabulosa suma de 18 mil millones de pesos.

Pero lo verdaderamente jugoso y curioso de lo que cuenta Bazzan es un párrafo que les quiero compartir:

La deuda financiera se explica porque el negocio cerealero opera permanentemente endeudado. El capital de trabajo para comprar millones de toneladas, venderlas, y quedarse con un pequeño margen de cada venta lo aporta el sistema financiero global. Se calcula que las cerealeras locales toman deuda de corto plazo, todo el tiempo, por unos 22.000 millones de dólares. Como son deudas de corto plazo, la volatilidad de precios es un riesgo altísimo. En los últimos años los valores de los commodities estuvieron particularmente volátiles, por la guerra comercial entre Estados Unidos y China. «Un tuit de Trump te podía hacer rico o pobre en un minuto» resume un operador de cereales consulado por este diario.

En mi mente quedan los cinco conceptos que menciona Bazzan: 1 permanentemente endeudado, 2 pequeño margen, 3 volatilidad de precios, 4 riesgo altísimo, 5 rico o pobre en un minuto.

Sin darse cuenta tal vez, la nota de Bazzan redujo una inversión multimillonaria que llevó 3 años y en la que se juega parte del futuro y estabilidad del Banco de la Nación Argentina, a una verdadera timba cerealera en la que hay que creerle a unos intrépidos emprendedores que por un PEQUEÑO MARGEN conducen una compañía de vanguardia mundial, en la que conviven con un RIESGO ALTISIMO y que finalmente el destino de dicho proyecto queda en manos de un twit para volverse RICO O POBRE EN UN MINUTO. ¿Con este panorama es que fueron a pedirle plata a los bancos?

Amplío mis preguntas ¿Ese sería el modelo de negocio en el que las autoridades nacionales que gobernaron entre 2015 y 2019 creyeron al punto de comprometer las finanzas del banco de todos los argentinos? ¿Sería ese el criterio de la Corporación Financiera Internacional (Banco Mundial), el Banco de Fomento Holandés (FMO), el Banco de la Provincia de Buenos Aires, el Banco Macro o el Banco Hipotecario para apoyar con créditos a estos hombres de negocios?

Si el modelo de gestión del negocio cerealero debe cambiar para ser mejorado habría que hacerlo desde muy adentro. Con el timón del management. Dejar el porvenir en manos de un twit de Donald Trump no parece lo más profesional, ni lo más prudente. Mucho menos aceptar que esas son las reglas del mercado.

Un concepto que no menciona Bazzan y me gustaría sumar como sexto al listado es el de la: Triangulación. El dinero que entra como crédito a una unidad de negocio y sale por otro lugar, mucho menos fácil de determinar. No por casualidad las empresas internacionalizan su presencia con oficinas hasta lugares donde la puerta de un agujero negro en el reparto de utilidades o un paraíso fiscal queda bien cerca. Cerquísima.

 

Al concluir estas líneas leo la nota de Raúl Dellatorre que en tapa del diario página 12, describe: “El entramado de Vicentín no solo abarcaba parientes y herederos de las familias Vicentín, Padoán y Nardelli, sino también un grupo de empresas en Paraguay, Uruguay y España, más las no declaradas en Panamá, dedicadas a dejar sus activos fuera del alcance de los acreedores, como el Banco Nación y los 1865 productores que quedaron colgados”.

Vuelvo entonces a mis primeras palabras. Cumplir con sus obligaciones no siempre está en los planes de los hombres de negocios.


¿PUEDO SALIR DE CASA?
¿PUEDO SALIR DE CASA?